Ya me habían hablado de la grandiosidad del edificio, pero he de reconocer que ni todas las palabras del mundo habrían bastado para hacerme una idea de la sensación de “pequeñez” que uno puede sufrir al acceder, sin lugar a dudas, a uno de los centros culturales del mundo. No puedo presumir de ser un hombre Michelin de 3 estrellas en cuanto a países conocidos, pero desde luego, si tuviera que encontrar un paralelo de la gran biblioteca de Alejandría en la actualidad no me cabría la menor duda de que ese sería el edificio de la François Mitterrand.
Creo que nadie podrá dudar de lo fascinante que puede llegar a ser la Historia, aquella que es capaz de unir dos civilizaciones separadas por miles de años tales como la egipcia y la francesa. Aquella que demuestra cómo los hombres siguen sintiendo la necesidad de la eterna luz en las tinieblas del más allá. Me refiero por supuesto a la megalomanía arquitectónica que ha caracterizado a toda cultura, todo imperio, todo Dios, todo líder: las pirámides de Egipto, San Pedro del Vaticano, las construcciones mayas o aztecas prehispánicas, las grandiosas catedrales góticas de los siglos XIII-XV, los rascacielos de Norteamérica y el sureste asiático… todos se construyeron con un fin: la eternidad. Y no es menos, por supuesto, la megalomanía “mitteraniense” reflejada en el edificio de la BNF.
Un edificio que sin embargo no deja de sorprenderte ni en su interior. Cuando accedes al mismo, las escaleras mecánicas, las paredes de metal grisáceo que trasladan el cielo de París al interior del lugar, los tornos, los vigilantes y medidas de seguridad… en contraste con la “nobleza” de la madera, la moqueta y la elegancia de las salas de lectura, provoca un viaje místico a las novelas de Ian Fleming, convirtiéndote en su James Bond particular protagonizando: 007 en busca del morisco perdido.
Pues en aquellas inmensas salas (yo estaba en la N y no veía el final de la O, que era la contigua) estuve disfrutando como un marrano en un charco todo el día. Bueno, todo el día no. La verdad que hubo un hecho que me ha dado qué pensar este último día y medio. Una “pesadilla” que viene persiguiéndome como lo hace la trucha al trucho cada vez que me veo en una foto. Me refiero a mi capacidad fotogénica. ¿Cómo es posible que pueda ver en mí dos personas? ¿Qué perversos espejos utilizan las cámaras fotográficas? ¿Acaso son los hermanastros malos de los espejos de las habitaciones y de los cuartos de baños? ¿Acaso estaré tan enamorado de mí mismo que no dejo verme?
Horror vacui es todo aquél miedo al vacío ornamental en las obras pictóricas, arquitectónicas, etc. Pues el mismo vacío es el que voy a desarrollarme como las cámaras webcam me sigan maltratando de esta manera, provocándome un vacío interior desolador que no soy capaz de cubrir por más argumentaciones que haga.
Para muestra un botón.
Pero pasemos página. El rencor no es bueno para la salud y por ello olvidaré que tengo dos caras, aunque de una misma moneda. Las dos caras de la verdad, aquellas que reflejan la misma persona.
Y poco más, chic@s. Por la noche salimos a tomar algo el señor Arribas (un sociólogo de la UNED), el señor Sanmartín (mi galleguiño), el señor Román (representante de la tacita de plata), el señor Arnó (un medievalista catalán que no es nacionalista) y el menda que suscribe estas palabras. No nos recogimos muy tarde pero sí lo suficiente como para acumular un segundo día de “tomar algo” y estar lo suficientemente cansado como para no hacer nada durante dos días.
Tal era el cansancio que para descansar ayer decidí irme junto a Fernando Arnó (el medievalista) hasta Chartres y pasar allí el día (ya sabéis, mis cosas). En esta localidad a 80 kilómetros de París se encuentra una de las catedrales románica/gótica más importante de Europa. Sencillamente, la belleza de sus líneas, de sus arbotantes y arquivoltas, de sus pórticos abocinados, de sus esculturas… cegaba no sólo el objetivo de mi cámara sino el corazón de un aficionado a la Historia del Arte. Al cruzar el umbral de la catedral la luz que filtraban las enormes vidrieras góticas tenía el placer de presentarme la megalomanía arquitectónica a la que anteriormente me refería. Se abría ante mí un espacio, de más de 30 metros de largo y más de 36 en su parte más alta, en el que se habían producido algunos de los hechos más importantes de la historia de Francia como pudo ser la coronación como rey de Francia de Enrique IV.

Lamentablemente, la catedral no sólo sufre el paso del tiempo sino el abandono de las autoridades francesas. La cabecera de la iglesia se encuentra literalmente apuntalada ante la probabilidad de derrumbe, en el interior hay redes para evitar la caída de trozos del edificio, las palomas están haciendo de la casa del señor su casa, es decir, un palomar… Nos han comentado que sólo los fondos particulares han permitido que se inicie la restauración de la catedral en su parte exterior, comenzando por la cripta y los dos pórticos de entrada laterales. Sin embargo, el proceso es tan lento que temen que cuando terminen tengan que volver a empezar por el principio.

Por lo demás, Chartres es un pueblecito típico centroeuropeo en el que predominan las casas que tenemos en nuestra mente gracias a los documentales de La 2, muy alejado de la arquitectura de la capital parisina. Cuenta con dos iglesias más también espectaculares: Sant Pierre y Sant Ignon (creo que se escribía así), amén de San Andrés que ahora es un colegio. Y poco más. No creáis. Teníamos previsto volvernos a las 20.30 pero, después de comer en un italiano bastante aceptable, hemos cogido el tren de vuelta a casa a las 18.00.
Un viaje de vuelta que nos ha permitido gozar, aunque fuese brevemente, del que espero sea nuestra próxima salida: el palacio y jardines de Versalles.
Pero eso será la semana que viene. Ya es hora de terminar con este martirio, si bien lo haré con la tranquilidad de saber que mi Real Madrid ha ganado 0-2 en Barcelona y nos acostamos a 4 puntos del líder. Mañana todo el madridismo será más colchonero que nunca. Por eso, he aquí un madridista que se va a su colchón.
Buenas noches, y buena suerte.
Un besazo a todos: familia, Menchu, amigos, amigas, amantes, amantas (a manta palos me van a recibir por decir lo que digo)… en fin A TODOS.
holaaaaaaaaaaaaa
ResponderEliminarHola guapisimo: esta es la cuarta vez que intento dejarte un mensaje, pero ya parece que he dado en el clavo.
ResponderEliminarNo sabia nada del blog, y hoy precisamente te pensaba mandar un correo para decirte que mandaras fotos y nos contaras algo de esa ciudad tan bonita.
Yo solo pase alli un dia y cuatro dias en el parque, porque el viaje era para los niños y solo nos quedo un dia para visitar Paris y vi muy poco pero me encanto y tengo que volver, , pero como tu vas a estar alli tres meses tienes tiempo de verlo todo y hacer muchas fotografias, para que nosotros las veamos y de paso nos cuentas cosas de su cultura, que a mi personalmente me encanta conocer distintas culturas.
El colegio se ve muy chulo, asi que aprovecha y pasatelo muy bien, un abrazo, Conchi.
¡¡Holaaaaaaaaaaaa!! Muchas gracias por tu mensaje. Ya he arreglado lo de que podáis escribir mensajes. El Colegio está muy bien pero mucho mejor está la ciudad. Es un lugar fantástico. Ya os enseñaré fotos.
ResponderEliminarUn besito
Santi
decia Spinoza (escribo de memoria9 que somos cada un@ una comunidad de almas, ellas son las que hacen, en su agrupamiento que a veces conquistemos, lleguemos a ser más y otras nos despistemos y nos perdamos, si tu no te enfadas con tus dos caras, tod@s tan felices.
ResponderEliminarSi es cierto, la megalomanía acompaña a los documentos arquitectonicos de la cultura-barbarie.
ya sabrás por tu culturón histórico que cada forma de gobierno va a compañado de uan gorma arquitectonica, una producción social determinada. Guillotinada la Monarquia en Francia había que generar simbolos nuevos. y desde entonces cada presidente de la República deja un poco de sí mismo para la Historia.
Nuestro presidente socialista fránces quiso hacer de la República una nueva República cultural, el faro de alejandria (JAJAJ) y se lanzó. Esa hermosa y sorprendente biblioteca es un libro inmenso abierto, su gran apuesta, pero no olvides la pirámide del Louvre, más arriesgado si cabe... ay París.
y ya sabes el papel de la luz en el gótico, hacernos saber dón de está lo mejor, lo bueno y nosotrosd mortales pequeños y oscuros ¿la catedral abandonada? se nota que alli los catolicos no tiene tanto poder, jajjajaj
Ay Paris....espero que la aventura para encontrar al morisco esté llena de experiencias y que nos las cuentes, un abraz