Si el viernes yo estaré en Londres celebrando mi vigésimo noveno cumpleaños con algunos compañeros del Colegio, España debería estar hoy celebrando el septuagésimo octavo aniversario de la proclamación de la II República. Dos días después de las elecciones de aquel lejano 12 de abril de 1931, el rey, Alfonso XIII, decidía hacer las maletas para venir hasta donde yo estoy viviendo ahora mismo (París) y dejar que la democracia se instaurase por primera vez en la historia de España con la proclamación de la II República.
Lo que pasó después es de sobra conocido por todos. Pero con este post, sólo quería dar mi pequeño homenaje a tod@s aquellos españoles que perdieron su vida en la guerra y en la dictadura.
Va por ti, Mariano.
Por lo demás, sólo puedo decir que si hay un cambio climático en el mundo, París es un botón de muestra. Llevamos una semana con una climatología escandalosa, un solecito insultante incluso para un español. Los jardines parisinos están preciosos, rebosan vida y cualquier hueco del día es una excusa perfecta para disfrutar en ellos de un merecido descanso.
Y así es como transcurre mi vida en París. Solecito, jardines, descanso, cualquiera diría que estoy trabajando ¿¡eh!? Pues lo estoy, lo estoy, no lo duden ustedes, señoras y señores. Por cierto, para alegría de la jefa (mi madre, “la Rafi”), quiero decir que estoy volviendo a coger peso. Por “culpa” de una compañera estamos comiendo casi a diario en la cocina de nuestra planta. Comida de la buena, de la de verdad: pasta, carne, sí, como leéis, carne (¡qué lagrimones!), algo de cuchara, sopas… en fin, una dieta semi-normal. Algunos estaréis pensando que bendita culpa la de nuestra compañera... nosotros estamos con vuestros pensamientos ¡bendita culpa! Se llama Hilda, es de Filosofía del Derecho, natural de Alcalá de Henares (Madrid) y una tía genial, pero no sólo porque nos haga de comer ¡eh! Todos ayudamos en la cocina en lo que podemos. Algunos estaréis pensando ¿y tú, no haces nada? Pues sí, como me temía, me ha tocado ya hacer dos días de comer, y mucho me temo que sólo es el principio… de una gastronómica historia. Ayer batimos un record porque llegamos a comer 12 personas en la cocina (y no es tan grande). Yo me encargué esta vez de los aperitivos y las ensaladas, e Hilda y Manuela de hacer las patatas fritas y los filetes de cerdo y de ternera que compramos. Estaban buenísimos. Eso sí, para carne de la buena la de mi Menchu, eso sí que es carne. Ya verás cuando la coja, le voy a dar un bocao que… ¡tranquilidad, levantemos el pie del acelerador!
Retomo el relato. Ya estoy un poco más relajado. No hay nada mejor que una ventana bien abierta para que al aire fresco calme la sed de mi cuerpo. ¿Por dónde iba? Ah, sí, por la malagueña salerosa. ¡Anda que me tienes contento! Mucho pedirme que escriba, que escriba, y cuando lo hago para felicitarte por nuestro aniversario no me merezco ni un simple y humilde comentario diciendo: gracias, cariño, te quiero, te adoro, te amo, estoy loca por ti, eres el amor de mi vida, perdería la cabeza por ti, pienso las 24 horas en ti… no estoy pidiendo tanto ¿no?
¡Ea, ya me he mosqueao! ¡Hala, mañana será otro día!
Napoleón y todos los grandes hombres de Francia os mandan un beso a todos.
Lo que pasó después es de sobra conocido por todos. Pero con este post, sólo quería dar mi pequeño homenaje a tod@s aquellos españoles que perdieron su vida en la guerra y en la dictadura.
Va por ti, Mariano.
Por lo demás, sólo puedo decir que si hay un cambio climático en el mundo, París es un botón de muestra. Llevamos una semana con una climatología escandalosa, un solecito insultante incluso para un español. Los jardines parisinos están preciosos, rebosan vida y cualquier hueco del día es una excusa perfecta para disfrutar en ellos de un merecido descanso.
Y así es como transcurre mi vida en París. Solecito, jardines, descanso, cualquiera diría que estoy trabajando ¿¡eh!? Pues lo estoy, lo estoy, no lo duden ustedes, señoras y señores. Por cierto, para alegría de la jefa (mi madre, “la Rafi”), quiero decir que estoy volviendo a coger peso. Por “culpa” de una compañera estamos comiendo casi a diario en la cocina de nuestra planta. Comida de la buena, de la de verdad: pasta, carne, sí, como leéis, carne (¡qué lagrimones!), algo de cuchara, sopas… en fin, una dieta semi-normal. Algunos estaréis pensando que bendita culpa la de nuestra compañera... nosotros estamos con vuestros pensamientos ¡bendita culpa! Se llama Hilda, es de Filosofía del Derecho, natural de Alcalá de Henares (Madrid) y una tía genial, pero no sólo porque nos haga de comer ¡eh! Todos ayudamos en la cocina en lo que podemos. Algunos estaréis pensando ¿y tú, no haces nada? Pues sí, como me temía, me ha tocado ya hacer dos días de comer, y mucho me temo que sólo es el principio… de una gastronómica historia. Ayer batimos un record porque llegamos a comer 12 personas en la cocina (y no es tan grande). Yo me encargué esta vez de los aperitivos y las ensaladas, e Hilda y Manuela de hacer las patatas fritas y los filetes de cerdo y de ternera que compramos. Estaban buenísimos. Eso sí, para carne de la buena la de mi Menchu, eso sí que es carne. Ya verás cuando la coja, le voy a dar un bocao que… ¡tranquilidad, levantemos el pie del acelerador!
Retomo el relato. Ya estoy un poco más relajado. No hay nada mejor que una ventana bien abierta para que al aire fresco calme la sed de mi cuerpo. ¿Por dónde iba? Ah, sí, por la malagueña salerosa. ¡Anda que me tienes contento! Mucho pedirme que escriba, que escriba, y cuando lo hago para felicitarte por nuestro aniversario no me merezco ni un simple y humilde comentario diciendo: gracias, cariño, te quiero, te adoro, te amo, estoy loca por ti, eres el amor de mi vida, perdería la cabeza por ti, pienso las 24 horas en ti… no estoy pidiendo tanto ¿no?
¡Ea, ya me he mosqueao! ¡Hala, mañana será otro día!
Napoleón y todos los grandes hombres de Francia os mandan un beso a todos.