… ¡maldita ciudad, qué bonita es la jodia con unos rayos de Sol!
Pero qué duro disfrutarlo sólo a través de una ventana…
En cuanto a lo demás, sin mucha novedad en el frente. Ayer fue un día raro, creo que el cambio de hora afecta a más gente de lo que pensaba (aquí también adelantamos una hora el reloj). Por la mañana, como comenté en el post anterior, disfrutamos de la F1 y con el quinto puesto de Fernando Alonso en Australia. Viendo cómo fueron las cosas estamos contentos por el resultado.
Terminada la carrera, me subí a la habitación para trabajar hasta las 13.00 cuando Jauma y Gema me llamaron para irnos a comer fuera. Necesitábamos respirar un poco de aire fresco y salir del Colegio. Este castillo se puede convertir, a veces, en una verdadera “prisión” si estás durante días encerrado en él sin salir. Ayer salió el Sol y era un día propicio para lanzarse a la calle.
Ayer, además, era un día de astros, con cambio de horario incluido, por lo que decidimos almorzar en un restaurante llamado El Sol y la Luna. De especialidad culinaria iberoamericana, lo conocía gracias a un compañero que vive en el Colegio de Alemania. Pero más que comida variada del continente americano, es el típico restaurante mexicano, eso sí, buenísimo (está justo a la espalda de la iglesia de S. Jacques, cerca de la catedral de Notre Dame para más información).
En primer lugar, nos pedimos unos entrantes para compartir (los típicos “Doritos” para mojar en salsas y unas empanadillas rellenas de carne y verduras muy buenas) y después, cada uno, su plato fuerte. Mis compañeros se pidieron la típica “fajita” rellena y yo un plato con una carne asada para mezclar con arroz. Estaba buenísimo todo. Y además barato, con bebida, nos costó 17 euros por cabeza (Aclaración: tenéis que tener en cuenta que mi plato principal costaba 9,50 euros y una Coca-Cola 4,50. Sí, como lo leéis, aquí la bebida puede llegar a costar más del 50% del precio del plato principal. ¿Increíble, verdad? Y si pidiéramos postres y cafés ya sería la repera limonera. En España jamás pensaríamos en ir a comer fuera de casa sin pedirnos algo de beber, estaría incluso mal visto. Aquí, por el contrario, te ponen jarras de agua de grifo porque es normal que la gente no pida de beber para no encarecer el precio final. Eso es lo que yo lo hago, creo que como la mayoría de la gente, pero ayer fue una excepción).
Habiendo visto el éxito del almuerzo y el día tan precioso que hacía, teníamos que poner la guinda al pastel. Y qué menos que con un helado. Pero no uno cualquiera, no, sino un estupendo Sunday, con caramelo, del McDonald´s ¡Qué haríamos muchos sin ti, Mc! Como nos habíamos desplazado hasta Luxemburgo andando, no podíamos desaprovechar la ocasión para sentarnos en uno de sus bancos, con sus primaverales jardines como inmejorable compañía, y disfrutar en silencio de la pasión que despertaba cada cucharada de helado en el roce con nuestros labios.
Finalizado el “éxtasis”, y no precisamente el de Santa Teresa, volvimos al Colegio para aprovechar la tarde y trabajar un poco. Sin embargo, con el cambio de hora, no nos habíamos dado cuenta de que tan sólo eran las cinco de la tarde. Además, Jauma, nos rogó encarecidamente que no nos metiéramos en las habitaciones, que viésemos mejor una película para terminar de relajarnos. Me pidieron entonces que bajase una película entretenida y les llevé Sopa de ganso (de los hermanos Marx).
Y bueno, no mucho más, señoras y señores. Después de unas buenas risas con la película, nos subimos, ahora sí, a la habitación a currar un poco hasta la hora de cenar. Como siempre, Manuela, Jauma, Fernando, Jaime, Gema, Patricio y yo, cenamos en la cocina grande de la 2º planta (en cada planta hay dos cocinas, una grande y otra pequeña, y mi armario con mi “neverita” la tengo en la “segunda, grande”. Aquí se llaman a las cocinas por su planta y tamaño: “segunda, pequeña”, “cuarta, grande”…).
Con un buen bocadillo de jamón con tomate y aceite entre pecho y espalda, me bajé con algunos compañeros a la sala de residentes para charlar un rato antes de subirme a la habitación. Pero estaba molido, y a las 00.30 estaba ya el tío pensando, bueno, soñando, en la Semana Santa y en los caracoles. Pero más que soñar eran pesadillas, porque será el primer año en mi vida sin ninguna de las dos. Mi abuela me nombró la palabra caracol el domingo y desde ese día me persiguen. Tengo que contaros un secreto: A veces veo caracoles (y os puedo asegurar que acojonan más que los muertos del Sexto Sentido). Creo que cuando vuelva en Mayo voy a coger un cólico de caracoles gordos. Por mi bendita madre que me voy a hinchar. Lo puedo prometer y prometo.
Bueno, con esto y un bizcocho... pero hace mucho tiempo que no saludo a mis fans, así que aprovecho para mandar un besito a: mis abuelos (Elena, Ricardo y Conce), a mis tíos (Rica, Antoñí), y tías (Mamen, Meli), mis primas (Elena, Estefa… oye, que sepas que me tienes que dar un beso antes que a tu primo Mario cuando nos veas), mis primos (Raúl, Álvaro, Manuel Ángel, José Carlos…), mis tíos/as (Conchi, Carmen, Manolo, Juan…), a my brother (el Otero), a mi Saturnino (lo más grande). También a mi vecinas Loli y Pilar, y sus respectivas familias, por aguantar a la mía para poder ver el blog … Y bueno, no sé, ¿a quién más? Ah, sí, a la chica esta que vive en Málaga y que siempre llamaba a casa de mis padres dando la lata. Sí, hombre ¡verás tú como ahora no me voy a acordar de su nombre! Bueno, da igual, a la chiquita esa. Era guapita la jodía, tenía que haberle tirado los tejos ¿o mejor los trastos a la cabeza? En fin, corramos un estúpido velo en este asunto ¡Ah, y a mis sobrinas! Las más guapas del mundo (Marta y Nuria).
PD. Como veo que a la gente le gustan más las fotos que mis palabras, aquí os pongo unas cuantas, aunque ya advierto que no tienen nada que ver con París puesto que no he salido a hacer fotos:
Pero qué duro disfrutarlo sólo a través de una ventana…
En cuanto a lo demás, sin mucha novedad en el frente. Ayer fue un día raro, creo que el cambio de hora afecta a más gente de lo que pensaba (aquí también adelantamos una hora el reloj). Por la mañana, como comenté en el post anterior, disfrutamos de la F1 y con el quinto puesto de Fernando Alonso en Australia. Viendo cómo fueron las cosas estamos contentos por el resultado.
Terminada la carrera, me subí a la habitación para trabajar hasta las 13.00 cuando Jauma y Gema me llamaron para irnos a comer fuera. Necesitábamos respirar un poco de aire fresco y salir del Colegio. Este castillo se puede convertir, a veces, en una verdadera “prisión” si estás durante días encerrado en él sin salir. Ayer salió el Sol y era un día propicio para lanzarse a la calle.
Ayer, además, era un día de astros, con cambio de horario incluido, por lo que decidimos almorzar en un restaurante llamado El Sol y la Luna. De especialidad culinaria iberoamericana, lo conocía gracias a un compañero que vive en el Colegio de Alemania. Pero más que comida variada del continente americano, es el típico restaurante mexicano, eso sí, buenísimo (está justo a la espalda de la iglesia de S. Jacques, cerca de la catedral de Notre Dame para más información).
En primer lugar, nos pedimos unos entrantes para compartir (los típicos “Doritos” para mojar en salsas y unas empanadillas rellenas de carne y verduras muy buenas) y después, cada uno, su plato fuerte. Mis compañeros se pidieron la típica “fajita” rellena y yo un plato con una carne asada para mezclar con arroz. Estaba buenísimo todo. Y además barato, con bebida, nos costó 17 euros por cabeza (Aclaración: tenéis que tener en cuenta que mi plato principal costaba 9,50 euros y una Coca-Cola 4,50. Sí, como lo leéis, aquí la bebida puede llegar a costar más del 50% del precio del plato principal. ¿Increíble, verdad? Y si pidiéramos postres y cafés ya sería la repera limonera. En España jamás pensaríamos en ir a comer fuera de casa sin pedirnos algo de beber, estaría incluso mal visto. Aquí, por el contrario, te ponen jarras de agua de grifo porque es normal que la gente no pida de beber para no encarecer el precio final. Eso es lo que yo lo hago, creo que como la mayoría de la gente, pero ayer fue una excepción).
Habiendo visto el éxito del almuerzo y el día tan precioso que hacía, teníamos que poner la guinda al pastel. Y qué menos que con un helado. Pero no uno cualquiera, no, sino un estupendo Sunday, con caramelo, del McDonald´s ¡Qué haríamos muchos sin ti, Mc! Como nos habíamos desplazado hasta Luxemburgo andando, no podíamos desaprovechar la ocasión para sentarnos en uno de sus bancos, con sus primaverales jardines como inmejorable compañía, y disfrutar en silencio de la pasión que despertaba cada cucharada de helado en el roce con nuestros labios.
Finalizado el “éxtasis”, y no precisamente el de Santa Teresa, volvimos al Colegio para aprovechar la tarde y trabajar un poco. Sin embargo, con el cambio de hora, no nos habíamos dado cuenta de que tan sólo eran las cinco de la tarde. Además, Jauma, nos rogó encarecidamente que no nos metiéramos en las habitaciones, que viésemos mejor una película para terminar de relajarnos. Me pidieron entonces que bajase una película entretenida y les llevé Sopa de ganso (de los hermanos Marx).
Y bueno, no mucho más, señoras y señores. Después de unas buenas risas con la película, nos subimos, ahora sí, a la habitación a currar un poco hasta la hora de cenar. Como siempre, Manuela, Jauma, Fernando, Jaime, Gema, Patricio y yo, cenamos en la cocina grande de la 2º planta (en cada planta hay dos cocinas, una grande y otra pequeña, y mi armario con mi “neverita” la tengo en la “segunda, grande”. Aquí se llaman a las cocinas por su planta y tamaño: “segunda, pequeña”, “cuarta, grande”…).
Con un buen bocadillo de jamón con tomate y aceite entre pecho y espalda, me bajé con algunos compañeros a la sala de residentes para charlar un rato antes de subirme a la habitación. Pero estaba molido, y a las 00.30 estaba ya el tío pensando, bueno, soñando, en la Semana Santa y en los caracoles. Pero más que soñar eran pesadillas, porque será el primer año en mi vida sin ninguna de las dos. Mi abuela me nombró la palabra caracol el domingo y desde ese día me persiguen. Tengo que contaros un secreto: A veces veo caracoles (y os puedo asegurar que acojonan más que los muertos del Sexto Sentido). Creo que cuando vuelva en Mayo voy a coger un cólico de caracoles gordos. Por mi bendita madre que me voy a hinchar. Lo puedo prometer y prometo.
Bueno, con esto y un bizcocho... pero hace mucho tiempo que no saludo a mis fans, así que aprovecho para mandar un besito a: mis abuelos (Elena, Ricardo y Conce), a mis tíos (Rica, Antoñí), y tías (Mamen, Meli), mis primas (Elena, Estefa… oye, que sepas que me tienes que dar un beso antes que a tu primo Mario cuando nos veas), mis primos (Raúl, Álvaro, Manuel Ángel, José Carlos…), mis tíos/as (Conchi, Carmen, Manolo, Juan…), a my brother (el Otero), a mi Saturnino (lo más grande). También a mi vecinas Loli y Pilar, y sus respectivas familias, por aguantar a la mía para poder ver el blog … Y bueno, no sé, ¿a quién más? Ah, sí, a la chica esta que vive en Málaga y que siempre llamaba a casa de mis padres dando la lata. Sí, hombre ¡verás tú como ahora no me voy a acordar de su nombre! Bueno, da igual, a la chiquita esa. Era guapita la jodía, tenía que haberle tirado los tejos ¿o mejor los trastos a la cabeza? En fin, corramos un estúpido velo en este asunto ¡Ah, y a mis sobrinas! Las más guapas del mundo (Marta y Nuria).
PD. Como veo que a la gente le gustan más las fotos que mis palabras, aquí os pongo unas cuantas, aunque ya advierto que no tienen nada que ver con París puesto que no he salido a hacer fotos:
1. ¿Lograremos emparejarlos en unos años? ¡Mira qué miraditas!
2. Por algo se empieza, y qué mejor que un buen juego
3. ¡Qué bicho!
Guapa, guapa y guapa!!!!! Es que no tiene otro adjetivo con el calificarla!!!! jajajajaja. Ha sido todo un detallazo.
ResponderEliminarComo debe molar un sundy o un mcflurry en los jardines de París?? Qué daría yo por ese momento!!!!
Bueno, te recomiendo que la próxima peli que veas sea la de "Lolita", jajajaj
besazoooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Muchas bromas, muchas bromas. Sigue con las bromas...
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