Buenas tardes (nunca mejor dicho), apañaos y apañaas. Perdonad el silencio al que os he tenido sometido durante la última semana pero, entre que había poco que contar y que tenía mucho curro (aunque algunos sigan sin creérselo), han pasado seis días como el que no quiere la cosa. Con fin de semana incluido en el pack.
Pues nada ¿qué queréis que os cuente? Después de levantar cabeza tras la eliminatoria del Real Madrid (…y clasificación de los azulgrana), tanto jueves como viernes estuve literalmente encerrado en el Colegio. De hecho, no salí ni a correr.
El sábado y el domingo no cambiaron mucho mi panorama… salvo por la noche. El viernes nos quedamos en el salón de residentes tomándonos algo y jugando a un juego bastante chulo. Es como una especie de policía y ladrón, con cartas, en la que una serie de lobos van cazando a los campesinos y éstos tienen que descubrirlos antes de que ganen el juego. A pesar de lo pegoso que pueda parecer, puede crear mucha adicción ya que consiste en argumentar entre todos quiénes creíamos que eran los lobos (es decir, todos mentíamos como bellacos para conseguir nuestros objetivos). Pues así estuvimos hasta las cinco de la mañana (sí, las 05.00 de la madrugada ya del sábado).
¿Y el sábado? Pues igual que el viernes, salvo que ésta vez nos acostamos a las seis (sí, las 06.00 ya del domingo). A pesar de lo que pueda parecer, ambos días me levanté a las 08.00 para desayunar y ponerme a currar. El domingo, como entenderéis, me fui tempranito a la cama…
…Ah, sí, perdón, antes se me ha olvidado comentaros que el sábado antes de encerrarnos a jugar y tomar algo (yo bebí agua, zumos y similares, para aquellos malpensados), me fui con Jaime y Paralejo a comerme un kebab en un sitio que ellos conocen ¡quéeeeeeeee rico estaba! No sé si os he hablado ya de ellos. El primero es un licenciado en Historia del Arte por la Complutense y está haciendo su tesis doctoral aquí en París. Realmente es muy, muy bueno. El segundo es un musicólogo de Extremadura que ahora da clases en Salamanca y que también está aquí haciendo su tesis doctoral. Ambos, cada uno con su personalidad y pareciendo el día y la noche, son unos cracks…
..Hecho este kit-kat, como os decía, el domingo me fui a la cama temprano y el lunes empecé la Semana Cultural Parisina. Es una semana que me voy a tomar para conocer mejor la ciudad. Y para empezar no estuvo mal. Ayer estuve todo el santo día tirado en la calle. Mi compañero Fernando llegó ayer, después de estar una semana en España por un congreso, y aprovechamos para irnos de librerías por la zona de los jardines de Luxemburgo después de comer. Nos acompañó una compañera de la cuarta planta, Ilda, licenciada en Derecho y de Alcalá de Henares. A las 17.00 terminamos de comprar (hice mi primera compra de libros ¡qué bien!) y Fernando quería volver al Colegio para hacer algo ¡pero hacía un día tan bueno! Así que, Ilda y el menda lerenda, decidimos quedarnos y dejar marchar a Fernando de vuelta pero, eso sí, cargado de bolsas con libros.
Imaginaros: las 17.00 de la tarde, sin libros en las manos, un día espléndido, un Sol radiante, el mosaico de la gente parisina en cada rincón mágico de París… que me quiten lo bailao, estaríamos pensando los dos.
Así es como, sin rumbo ni nada ni nadie que lo fijara, estuvimos paseando por los espectaculares Jardines de Luxemburgo dirección norte hasta llegar a la tan famosa orilla izquierda del Sena, desde donde nuevamente nos dispusimos a gozar de sus espectaculares vistas. Callejeamos todo lo que quisimos y pudimos y así hasta las 20.00 de la tarde cuando los pies de Ilda ya no podían más. Cogimos un autobús y volvimos, por vía terrestre, al Colegio (cuando uno vive en una metrópoli de estas características llega a sentirse como un ratón que vive en las cloacas del metro urbano y que sólo sale para comer y trabajar. Lo dicho, como las ratas).
Llegué con la firme idea de irme a correr pero acabé, firmemente, sentado en el sofá del salón de residentes tomándome un chocolate con Fernando y Andrea. Otro paréntesis. Como no haré el famoso y prometido artículo (una nueva promesa más incumplida… ¡¡Menchu, tenemos un problema!!) de análisis sociológico de la gente que habita este lugar, os iré presentando a los personajes conforme salgan en las aventuras oterianas. Pues Andrea es una chica suiza a quien creía la típica europea insolente que ha terminado siendo una de las mejores personas que he conocido en el Colegio, con la que me llevo genial (sin temor a peligro alguno, Menchu) y que parece más mediterránea que europea. Es, además, la tesorera del Comité de Residentes.
Así es como, con una excelente compañía y un chocolate en la mano, la idea de seguir matándome físicamente, sin necesidad alguna, dejaba de tener sentido. Sustituí el entrenamiento por unas buenas risas, para acabar duchándome y cenando prontito (como a mí me gusta. Este paréntesis lo hago porque mi madre se cree que me gusta comer en mi casa a las 13.00 y cenar a las 20.00 para joder, o para joderle, o para no charlar, pero realmente es que me gustan esas horas ¡y lo hago tanto en mi casa como cuando estoy fuera!).
Cené con Jauma y Fernando (creo que de Jauma sí os hablé porque fue el chico con el que me perdí hace unos domingos, si no, vuelvo a recordar que es de Valencia y que hace su tesis en Barcelona sobre el ADN de algunas plantas. Pero seguro que no os dije que ya ha estado viviendo en Japón y Canadá unos meses y que me ha hablado maravillas del primero). Ayer tocó media barra de jamón york, con mi ensaladita, patatas fritas y mis aceitunas ¡cómo no! (creo que cuando llegue a España, un moco de pavo terminará colgando de mi garganta de tanto comer jamón york). También decir que ya es una tradición cenar con Jauma, Manuela (bióloga de Gijón que estudia en Compostela), Israel (mi gallego) y Fernando (el medievalista catalán). Allí nos unimos, casi siempre, con dos parejas buena gente: Patricio (un biólogo chileno), un español (cuyo nombre se me acaba de ir) y sus dos parejas (ambas, brasileñas… hasta ahí puedo leer).
Y nada más. A las 22.00 me llamaron para ver una película en la sala de televisión pero cuando bajé me di cuenta que ya la había visto. Además, mi cuerpo no podía más. Necesitaba dormir. Así que me subí al poco tiempo para terminar acostándome a las 23.30.
Hoy, cuando me levanté a las 08.30, tenía pensado perderme nuevamente por la Ille de France pero, casualidad de la vida (que no causa-lidad), Ilda me propuso irnos nuevamente por París. Anoche llegó una amiga española de visita por la ciudad y así es como nos dispusimos nuevamente a gozar de la ciudad de la luz, pero luz natural, de la buena, de la que alimenta y te da vitamina B (o C, o D, o la que le dé la gana).
Nuevamente, Sant Michel, la orilla del Sena y ¡a andar y disfrutar! Queríamos llegarnos al Museo de Orsay pero cuando hemos llegado la cola era de 45-50 minutos por lo menos. Nos hemos amedrantado un poco a ver a tanta gente y, unido a que en realidad lo que queríamos era andar y ver cosas, nos hemos ido andando hasta la Torre Eiffel que, tanto Fátima (la amiga española) como yo, no habías tenido el placer de conocer aún. Ha sido una paliza pero hemos aprovechado para entrar en Inválidos: un espectacular edificio que fue un hospital militar para los heridos de guerra y que ahora, entre otras cosas, sirve para oficinas y edificios militares del ejército de tierra. También tiene una iglesia (no muy allá artísticamente) pero, he aquí lo importante, también se encuentra allí la tumba del Gran Emperador: don Napoleón Bonaparte. Ahí es nada. Son palabras mayúsculas.
De ahí a la Torre Eiffel apenas hay unos 15 minutos andando tranquilamente y es donde hemos parado, bajo la quietud de una mole de hierro y la mirada de cientos de personas que subían por las escaleras de las cuatro patas que sustentan al gigante de hierro, para comer y gozar de un bocadillo de salchichón y chopped, made in Spain (charcutería española llegada a París vía Madrid en la maleta de Fátima).
Nos daban así las 16.30 de la tarde. Desde las 10.00 de la mañana, el segundo día cultural era más que suficiente para mí. Era hora de volver a casa. Ilda y Fátima han seguido con una jornada intensiva que acabará el domingo, cuando la segunda se marchar ahora a Bruselas a ver a otra a amiga.
Me he vuelto al Cole y ya he visto y pasado revista a Fernando, Jaime, Francisco (el mejicano, presidente del Comité de Residentes, que siempre me busca, o viceversa, para reinos porque es como una droga diaria sin la que no podemos vivir), Alejandro (el gaditano) y Pablo (un mañico, que ha hecho historia y se dedica a estudiar cosas de medio ambiente… ¡pero en la Historia!). Y nada más, ahora me tenéis aquí terminando esto para publicarlo y bajarme (son las 18.00) a tomar café con Fernando que ya me ha llamado dos veces y me va a matar…
¡¡Uy, tercera llamada!! Me voy, hasta luegooooooooooooooooooooooooooooooooo
Un beso a tod@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@s,
Santi
PD. Como habéis podido observar, el texto no va acompañado de imágenes porque he decidido ver los lugares tranquilamente y después volver en otro momento para retratarlos... Y en un mes ¡29 añitos! ¡Happy birthday to you, happy...!
Pues nada ¿qué queréis que os cuente? Después de levantar cabeza tras la eliminatoria del Real Madrid (…y clasificación de los azulgrana), tanto jueves como viernes estuve literalmente encerrado en el Colegio. De hecho, no salí ni a correr.
El sábado y el domingo no cambiaron mucho mi panorama… salvo por la noche. El viernes nos quedamos en el salón de residentes tomándonos algo y jugando a un juego bastante chulo. Es como una especie de policía y ladrón, con cartas, en la que una serie de lobos van cazando a los campesinos y éstos tienen que descubrirlos antes de que ganen el juego. A pesar de lo pegoso que pueda parecer, puede crear mucha adicción ya que consiste en argumentar entre todos quiénes creíamos que eran los lobos (es decir, todos mentíamos como bellacos para conseguir nuestros objetivos). Pues así estuvimos hasta las cinco de la mañana (sí, las 05.00 de la madrugada ya del sábado).
¿Y el sábado? Pues igual que el viernes, salvo que ésta vez nos acostamos a las seis (sí, las 06.00 ya del domingo). A pesar de lo que pueda parecer, ambos días me levanté a las 08.00 para desayunar y ponerme a currar. El domingo, como entenderéis, me fui tempranito a la cama…
…Ah, sí, perdón, antes se me ha olvidado comentaros que el sábado antes de encerrarnos a jugar y tomar algo (yo bebí agua, zumos y similares, para aquellos malpensados), me fui con Jaime y Paralejo a comerme un kebab en un sitio que ellos conocen ¡quéeeeeeeee rico estaba! No sé si os he hablado ya de ellos. El primero es un licenciado en Historia del Arte por la Complutense y está haciendo su tesis doctoral aquí en París. Realmente es muy, muy bueno. El segundo es un musicólogo de Extremadura que ahora da clases en Salamanca y que también está aquí haciendo su tesis doctoral. Ambos, cada uno con su personalidad y pareciendo el día y la noche, son unos cracks…
..Hecho este kit-kat, como os decía, el domingo me fui a la cama temprano y el lunes empecé la Semana Cultural Parisina. Es una semana que me voy a tomar para conocer mejor la ciudad. Y para empezar no estuvo mal. Ayer estuve todo el santo día tirado en la calle. Mi compañero Fernando llegó ayer, después de estar una semana en España por un congreso, y aprovechamos para irnos de librerías por la zona de los jardines de Luxemburgo después de comer. Nos acompañó una compañera de la cuarta planta, Ilda, licenciada en Derecho y de Alcalá de Henares. A las 17.00 terminamos de comprar (hice mi primera compra de libros ¡qué bien!) y Fernando quería volver al Colegio para hacer algo ¡pero hacía un día tan bueno! Así que, Ilda y el menda lerenda, decidimos quedarnos y dejar marchar a Fernando de vuelta pero, eso sí, cargado de bolsas con libros.
Imaginaros: las 17.00 de la tarde, sin libros en las manos, un día espléndido, un Sol radiante, el mosaico de la gente parisina en cada rincón mágico de París… que me quiten lo bailao, estaríamos pensando los dos.
Así es como, sin rumbo ni nada ni nadie que lo fijara, estuvimos paseando por los espectaculares Jardines de Luxemburgo dirección norte hasta llegar a la tan famosa orilla izquierda del Sena, desde donde nuevamente nos dispusimos a gozar de sus espectaculares vistas. Callejeamos todo lo que quisimos y pudimos y así hasta las 20.00 de la tarde cuando los pies de Ilda ya no podían más. Cogimos un autobús y volvimos, por vía terrestre, al Colegio (cuando uno vive en una metrópoli de estas características llega a sentirse como un ratón que vive en las cloacas del metro urbano y que sólo sale para comer y trabajar. Lo dicho, como las ratas).
Llegué con la firme idea de irme a correr pero acabé, firmemente, sentado en el sofá del salón de residentes tomándome un chocolate con Fernando y Andrea. Otro paréntesis. Como no haré el famoso y prometido artículo (una nueva promesa más incumplida… ¡¡Menchu, tenemos un problema!!) de análisis sociológico de la gente que habita este lugar, os iré presentando a los personajes conforme salgan en las aventuras oterianas. Pues Andrea es una chica suiza a quien creía la típica europea insolente que ha terminado siendo una de las mejores personas que he conocido en el Colegio, con la que me llevo genial (sin temor a peligro alguno, Menchu) y que parece más mediterránea que europea. Es, además, la tesorera del Comité de Residentes.
Así es como, con una excelente compañía y un chocolate en la mano, la idea de seguir matándome físicamente, sin necesidad alguna, dejaba de tener sentido. Sustituí el entrenamiento por unas buenas risas, para acabar duchándome y cenando prontito (como a mí me gusta. Este paréntesis lo hago porque mi madre se cree que me gusta comer en mi casa a las 13.00 y cenar a las 20.00 para joder, o para joderle, o para no charlar, pero realmente es que me gustan esas horas ¡y lo hago tanto en mi casa como cuando estoy fuera!).
Cené con Jauma y Fernando (creo que de Jauma sí os hablé porque fue el chico con el que me perdí hace unos domingos, si no, vuelvo a recordar que es de Valencia y que hace su tesis en Barcelona sobre el ADN de algunas plantas. Pero seguro que no os dije que ya ha estado viviendo en Japón y Canadá unos meses y que me ha hablado maravillas del primero). Ayer tocó media barra de jamón york, con mi ensaladita, patatas fritas y mis aceitunas ¡cómo no! (creo que cuando llegue a España, un moco de pavo terminará colgando de mi garganta de tanto comer jamón york). También decir que ya es una tradición cenar con Jauma, Manuela (bióloga de Gijón que estudia en Compostela), Israel (mi gallego) y Fernando (el medievalista catalán). Allí nos unimos, casi siempre, con dos parejas buena gente: Patricio (un biólogo chileno), un español (cuyo nombre se me acaba de ir) y sus dos parejas (ambas, brasileñas… hasta ahí puedo leer).
Y nada más. A las 22.00 me llamaron para ver una película en la sala de televisión pero cuando bajé me di cuenta que ya la había visto. Además, mi cuerpo no podía más. Necesitaba dormir. Así que me subí al poco tiempo para terminar acostándome a las 23.30.
Hoy, cuando me levanté a las 08.30, tenía pensado perderme nuevamente por la Ille de France pero, casualidad de la vida (que no causa-lidad), Ilda me propuso irnos nuevamente por París. Anoche llegó una amiga española de visita por la ciudad y así es como nos dispusimos nuevamente a gozar de la ciudad de la luz, pero luz natural, de la buena, de la que alimenta y te da vitamina B (o C, o D, o la que le dé la gana).
Nuevamente, Sant Michel, la orilla del Sena y ¡a andar y disfrutar! Queríamos llegarnos al Museo de Orsay pero cuando hemos llegado la cola era de 45-50 minutos por lo menos. Nos hemos amedrantado un poco a ver a tanta gente y, unido a que en realidad lo que queríamos era andar y ver cosas, nos hemos ido andando hasta la Torre Eiffel que, tanto Fátima (la amiga española) como yo, no habías tenido el placer de conocer aún. Ha sido una paliza pero hemos aprovechado para entrar en Inválidos: un espectacular edificio que fue un hospital militar para los heridos de guerra y que ahora, entre otras cosas, sirve para oficinas y edificios militares del ejército de tierra. También tiene una iglesia (no muy allá artísticamente) pero, he aquí lo importante, también se encuentra allí la tumba del Gran Emperador: don Napoleón Bonaparte. Ahí es nada. Son palabras mayúsculas.
De ahí a la Torre Eiffel apenas hay unos 15 minutos andando tranquilamente y es donde hemos parado, bajo la quietud de una mole de hierro y la mirada de cientos de personas que subían por las escaleras de las cuatro patas que sustentan al gigante de hierro, para comer y gozar de un bocadillo de salchichón y chopped, made in Spain (charcutería española llegada a París vía Madrid en la maleta de Fátima).
Nos daban así las 16.30 de la tarde. Desde las 10.00 de la mañana, el segundo día cultural era más que suficiente para mí. Era hora de volver a casa. Ilda y Fátima han seguido con una jornada intensiva que acabará el domingo, cuando la segunda se marchar ahora a Bruselas a ver a otra a amiga.
Me he vuelto al Cole y ya he visto y pasado revista a Fernando, Jaime, Francisco (el mejicano, presidente del Comité de Residentes, que siempre me busca, o viceversa, para reinos porque es como una droga diaria sin la que no podemos vivir), Alejandro (el gaditano) y Pablo (un mañico, que ha hecho historia y se dedica a estudiar cosas de medio ambiente… ¡pero en la Historia!). Y nada más, ahora me tenéis aquí terminando esto para publicarlo y bajarme (son las 18.00) a tomar café con Fernando que ya me ha llamado dos veces y me va a matar…
¡¡Uy, tercera llamada!! Me voy, hasta luegooooooooooooooooooooooooooooooooo
Un beso a tod@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@s,
Santi
PD. Como habéis podido observar, el texto no va acompañado de imágenes porque he decidido ver los lugares tranquilamente y después volver en otro momento para retratarlos... Y en un mes ¡29 añitos! ¡Happy birthday to you, happy...!
Amorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, qué envidia andar por las calles parisinas y encima con solecito!!!!!! Uyyyyyyyyyyyyyy!!!!!!!!!! Coge mucha vitamina D, porque este verano te quiero ver morenazo desde que vuelvas, jajaja.
ResponderEliminarPD; no tardes tanto en la próxima entrega oteriana!
Un besazo,
Carmen
¿Morenazo? ¿Quién, yo? ¿Para qué? ¿Para las fotos?
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